¿Cómo quieres tu café? ¿Al sol o a la sombra?

Por: Dra. Mariangie Ramos

Me adentro en las montañas de mi Isla. El verdor domina ambos lados de la estrecha y curvosa carretera rural. Es diciembre, y extrañamente, en medio del bosque, reconozco desde mi auto los granos rojos de una planta muy conocida para mí. Es Coffea, es café, el segundo producto más comercializado en el mundo después del petróleo. Una señora con dos niños viene caminando por el borde de la carretera. Detengo el auto, la saludo y le pregunto si eso es un cafetal o es un bosque. Ella sonríe y me dice que sí, que todo esto que vemos es café. “¿Pero es de alguien, alguien lo recoge?”, pregunto. Ella me explica que los dueños se murieron pero muchos entran a recoger los granos porque es café bueno, del de antes. Entonces entiendo la confusión de Maya, una de las científicas que ayudó a desarrollar el mapa de usos de tierra de Puerto Rico utilizando imágenes tipo Google Earth. “Desde el cielo, no se distingue si son cafetales activos cultivados bajo sombra o cafetales que por abandono se han convertido en bosque”, me comentó cuando fui a solicitar un mapa de los cafetales de Puerto Rico al USDA Forest Service. Continúo mi viaje y me encuentro con un cafetal más conocido. Filas de plantas de café cargadas de granos rojos se alinean a favor de la pendiente empinada. No hay árboles y ninguna hierba cubre el suelo anaranjado que se distingue entre las filas de cafetos. Una postal de este sitio, no del cafetal anterior, es la que recibe en el aeropuerto a los turistas que visitan la Isla. Ambos son cultivos de Coffea, café, pero son considerablemente distintos. Mientras empujo el pedal de la gasolina, mi mente se inquieta con las preguntas cómo y por qué. ¿Cómo una misma planta se puede crecer en dos sistemas tan diferentes? ¿Y por qué en Puerto Rico tenemos los dos sistemas de siembra, aunque uno más reconocido que el otro?

Mi mente se imagina el Macizo Etíope, sus bosques montañosos y cómo plantas del género Coffea comenzaron a evolucionar en este espacio exuberante y diverso hace 27 millones de años. Bajo el dosel del bosque, las plantas del género Coffea se adaptaron a vivir en las condiciones microclimáticas que la sombra de los árboles del bosque brindaba: un ambiente con poca luz, fresco y húmedo. El género Coffea evolucionó en distintas especies de diferentes tamaños, formas y colores. La mayoría de las especies de Coffea poseían un arma secreta contra los herbívoros que trataban de alimentarse de ellas, un alcaloide que sería nombrado cafeína, en honor al nombre de estas plantas. La cafeína estaba distribuida por todas las partes de la planta y los seres humanos pronto se dieron cuenta de los efectos de consumir esta planta en sus cuerpos humanos.

No se sabe con certeza cuándo y cómo los humanos modernos comenzaron a usar las plantas del género Coffea. Se piensa que los habitantes de Etiopía comenzaron a consumir los frutos maduros de los arbustos de Coffea y que tal vez hacían infusiones de las hojas. Existen varias leyendas de cómo se descubrieron las propiedades energizantes del café. Una trata sobre la observación de aves con mucha energía que se alimentaban del café y otra sobre cabras que bailaban después de consumir el fruto del cafeto. Sin embargo, la bebida de café como la conocemos hoy en día fue invención de los árabes. El café o bunchum era utilizado como medicina (reportado desde el año 800 d.C.) y en rituales religiosos, ya que les permitía a los sufís permanecer despiertos. Es probable que los árabes primero exportaran el fruto desde los bosques de Etiopía pero luego lo comenzaron a cultivar en el Yemen. En el Yemen, se cultivaba el café en terrazas en las laderas de las montañas, incluían un sistema rústico de riego durante la época seca y árboles de sombra intercalados en las laderas donde el sol daba directo.

La fama del café lo hizo dispersarse por el mundo, y cómo una planta (inmóvil por naturaleza) logró tanta movilidad por el globo terráqueo es una historia fascinante de contrabando, misterio y amor. Los árabes eran muy celosos con su descubrimiento y prohibían la transportación de plantas de café o granos fuera de su región, a menos que los granos fueran hervidos antes. Pero esto no fue obstáculo para el hindú  Baba Budan, quien, según una leyenda, escondió algunos granos y los llevó desde Meca a India, donde los sembró y creció plantas de café cerca del 1600. Autores aseguran que han encontrado los descendientes de estas plantas en los bosques de Mysore en años recientes. También, los holandeses tuvieron un rol importante en dispersar el cultivo del café por el mundo. Interesados en lucrarse de este importante cultivo, introdujeron el cultivo de café a Sri Lanka e Indonesia, donde sembraron el café bajo la sombra de árboles plantados. Los holandeses también trajeron las primeras plantas de café a los jardines botánicos de Europa, donde la bebida ya se había hecho famosa. Una de estas plantas llegó al Jardin Des Plantes en París, y una de sus descendientes fue llevada a Martinique por Gabriel Mathieu de Clieu en 1720, quien cuidó la planta con ahínco, compartiendo con la planta hasta su propia ración de agua. De la propagación de esta planta y sus descendientes, se cree que surge todo el café arábico de las Américas. Por eso, se ha encontrado que el café de las Américas tiene muy poca variabilidad genética. En 1727, ya se habían enviado plantas a Santo Domingo, Guadalupe y otras Antillas, según cartas del mismo de Clieu. En las Antillas, la mayoría de los cafetales utilizaban la sombra de árboles y eran “como jardines,…todos bajo la sombra de los árboles más finos” según Richard Henry Dana los describió en 1859.

La cautivadora planta llegó a Puerto Rico en el 1736 y comenzó a cubrir el paisaje montañoso isleño gradualmente. Cerca de 1890 la Isla ya era el cuarto país exportador de café de las Américas. La zona cafetalera isleña experimentaba gran desarrollo económico, cultural y poblacional. Las familias caficultoras utilizaban árboles nativos como la guaba y la moca para proveer sombra al cultivo. Sin embargo, la caída de los precios internacionales del café y los cambios políticos y económicos que sufrió la Isla a finales del siglo XIX, provocaron el abandono del cultivo del café. Para 1930, Puerto Rico experimentaba casi 100% de deforestación a causa de la agricultura intensiva (por ejemplo el cultivo de caña y tabaco), y las pocas áreas boscosas que se observaban eran cafetales bajo sombra (además de los pocos remanentes de bosque primario). Por eso, algunos expertos aseguran que el café de sombra salvó la biodiversidad de Puerto Rico.

Detengo el auto. Llegué a mi destino. La casa, la vida y el sustento de una familia caficultora: su finca. Mi desconcierto sobre el café al sol o bajo sombra incrementa. En la misma finca, la familia caficultora tiene los dos tipos de siembra de café. Según investigadores, en Latinoamérica el cambio de café bajo sombra a café de sol se debió en parte al desarrollo de variedades tolerantes a sol que respondían al uso de fertilizantes sintéticos y a la llegada de la roya en los años 1970s. La remoción de la sombra se recomendó para “modernizar” los cafetales, con la intención de hacerlos más productivos y menos susceptibles a la roya, pero resultó en la degradación ambiental de las zonas cafetaleras. ¿Ocurriría lo mismo en Puerto Rico? Supongo que la respuesta la encontraremos en las memorias de esta familia y de tantas otras familias caficultoras de Puerto Rico. A 275 años de la llegada del café a Puerto Rico, agradezco inmensamente a la profesora Sandra Enriquez Seiders y sus estudiantes del curso de Historia de Puerto Rico por ayudarnos a entender este capítulo reciente e importante de la historia de nuestro café.

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