No ordeñes las vacas hasta que le la cabra no para

Entrevista a la Sra. Zoraida Mojica

Por: Francis L. Ortiz Barreto

Puerto Rico por su posición geográfica, es una isla con un alto riesgo de huracanes. Durante muchos años esta isla ha sido arrasada por ellos. Hoy en día podemos prepararnos para esto ya que tenemos televisión, internet, radio y celulares. ¿Pero qué hay de la gente en los tiempos cuando estos medios de comunicación no existían o eran escasos? Zoraida Mojica nos cuenta de cómo fue su primera experiencia con este fenómeno natural en dicha época.

En el 1956, el huracán conocido como “Santa Clara” entró a la isla. En una época en la cual los únicos medios de comunicación eran un capricho más que nada, enterarse de estos fenómenos naturales no era cosa fácil. “Yo me acuerdo cuando el compadre de mi papá vino a la casa para avisarnos del huracán. Mi papá le decía que no se alarmara ya que nadie podía saber seguro si el huracán venia o no.” Encuentro sorprendente la seguridad de las personas en esa época. “La frase que el usaba para calmarnos era: No ordeñes la vaca hasta que la cabra no para.” Esto significa, que no deberías hacer planes para algo que aún no sabes si puede pasar. “Él me decía que solo los animales eran los únicos que sabían de los huracanes.” Al ver que las personas del campo confiaban más en los animales que en la radio me hace entender cómo eran en esa época.

Me interesaba saber cómo ellos se preparaban para estos fenómenos. “Mi hermana vino corriendo a decirme que todos los animales de la finca estaban en las esquinas de las jaulas, al papá saber esto, nos preparaba para el huracán.” Como la casa estaba en el monte y era de madera, su padre la enviaba a ella, a su madre y a sus hermanas a la única casa de cemento en el área en la cual todos se refugiaban. Él se quedaba en la finca con los animales. “Cuando el huracán llegó todos en esa casa empezaron a orarle al Señor, nosotros orábamos por mi padre y por todos los animales en la finca.” Santa Clara a pesar de ser un huracán categoría 1, causó mucho daño en áreas rurales. “Cuando llegamos a la finca, todos los palos de meaito estaban en el piso y no encontrábamos a mi padre. Notamos que había un rancho que nunca habíamos visto. Dentro de él encontramos a mi padre, a su compadre y a todos nuestros animales,” así terminó diciendo mi entrevistada.

Saber la diferencia de cómo estas personas vivían hace 60 años para mí fue sorprendente. Encontré fascinante el ver como un hombre con su compadre logró construir un pequeño edificio en el transcurso de pocas horas, para proteger sus animales. No creo que hoy en día alguien pueda hacer algo así. Ella aún vive en esa casita de madera y ese rancho estuvo en pie hasta hace un año. Esta señora es mi abuela y en ese rancho yo jugaba cuando pequeño. Siempre recuerden no ordeñar la vaca hasta que la cabra no para.

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