Un jibaro utuadeño”

Entrevista a Don Emilio Acevedo

Por: Cristian Crespo Albino

A lo largo de nuestra historia, nuestra isla ha sido atacada por fuertes huracanes que han menoscabado el sostén económico de la familia puertorriqueña. El 13 de septiembre de 1928 el huracán San Felipe cruzó la isla del suroeste al noroeste con vientos sobre 160 millas por hora y de categoría 5 ocasionando aproximadamente 300 muertes. Para conocer más acerca de la historia, tengo el honor de tener en mi familia, un tío de mi abuela que presenció uno de los huracanes más devastadores para nuestra isla, el huracán San Felipe. Don Emilio Acevedo o Tío Emilio, como cariñosamente le llamamos en la familia, nació el 17 de septiembre de 1914, en el barrio don Alonso de Utuado. Al llegar a su humilde hogar a realizar la entrevista, mi abuela y mi tía rápidamente lo llamaron y al salir a nuestro encuentro, no las reconoció. Mi abuela empezó a hablarle y le decía: “Soy yo Mercy”, hasta que recordó y nos invitó a pasar. Nos invitó a entrar a su humilde hogar y ya sentados en su acogedora sala, comenzamos la enriquecedora plática. Por un momento me quedé sin palabras y no sabía como iniciar la entrevista. No obstante, mi abuela le comentó sobre mi proyecto y esto dio paso a dar comienzo a mi entrevista.

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Tío Emilio comenzó diciendo que a la edad de 14 años presenció el huracán San Felipe. Para esa época no había radio, ni televisión; todos se enteraron de su llegada cuando ya estaba pisando tierra borincana. Su familia se refugió en la casa del mayordomo que vivía dos cuadras más arriba, pues, durante el paso de los huracanes ellos se refugiaban en las casas más fuertes. Nos cuenta, Tío Emilio, que los vientos eran tan intensos que despegaron una plancha de zinc y tuvieron que amarrarla para que no terminara de llevársela. Su abuelo llamado cariñosamente por su familia “Papa querido” no quiso salir de la casa, ésta se derrumbó y lo mató. El huracán fue algo tan fuerte que veían las casas pasar río abajo.

Los vientos y las lluvias fueron tan fuertes que el sembradillo de caña quedó totalmente destruido; todos los sembrados quedaron arruinados. Luego del paso del huracán, como la mayoría de las casas quedaron destruidas, la gente tuvo que recurrir a construir “casuchitas” de yaguas y de paja llamadas “barracas”. Cuatro años más tarde, el huracán San Ciprián azotó la isla. Tío Emilio no recuerda bien, pero me comentó que para esa época ya vivía en Arecibo, ya que se fue a trabajar con su tío y le pagaban a 25 centavos el día. Para alumbrarse utilizaban mechones que lo hacían con papel de periódico, una botella y gas. Ya para el huracán Santa Clara se encontraba viviendo en Estados Unidos. Realmente pude comprobar lo que mi profesora, la Dra. Sandra Enríquez Seiders nos dice: “Una vez le hacen una pregunta, ellos comienzan a hablar y no hay quien los detenga”.

La experiencia que viví al realizar la entrevista resultó muy enriquecedora para mí. Escuchar a un anciano de 98 años, revivir los momentos significativos de su niñez, despertó en mí el interés de conocer más sobre la historia de Puerto Rico y sus acontecimientos importantes que marcaron la vida de los jíbaros puertorriqueños.

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