Don Herminio vio la construcción del lago Caonillas

Por: Michael Urayoan Connelly Reyes

Don Herminio Santiago Santiago actualmente vive en San José, Utuado. Sale de su casa y cruza la calle a sentarse al otro lado, mañanas y tardes, todos los días. Fue interesante que yo estuviera todo el semestre viviendo también en San José y caminando a la universidad todos los días, pasándole de frente y saludándolo, sin saber la historia que poseía el conocido Don Mino hasta que me tocó hacer este proyecto. Cuando comenzamos a hablar me deja saber que vivía para el tiempo de la construcción del lago Caonillas en una casa de madera en Tetuán con su esposa y once hijos, en un tiempo donde las casas eran de matojo, y que si hacia mucho sol, se quemaban. Caminaba todos los días, desde el 1940 cuando empezó la edificación del lago artificial hasta su finalización en el año 1948, de su casa al lago y de vuelta, y los lunes, con compra. Trabajó todo ese tiempo a pico y pala no más (porque era lo único que sabia hacer además de la agricultura – aunque luego trajeron maquinaria, le tenia respeto, pues mucha gente murió ahí) por $1.60 al día; buena paga comparada a los $0.40 que ganaba en fincas de café y cría de lechones.       

A mediados de la construcción del lago su esposa murió “así de repente” en una víspera de Navidad, dejándolo solo a él cuidando a sus once hijos.  Como era de costumbre para esa época, dejaba a sus hijos mayores a cargo de las labores caseras y de cuidado en lo que llegaba de su arduo día de trabajo. Me gustó mucho hablar con el Don Mino, fue ameno, pero difícil entrevistarlo pues ya a los 97 años tiene muchas lagunas en su línea de pensamiento; pero eso sí, saluda a todo el que sube y baja y les da su bendición, y termina cada párrafo de su hablar con “Gracias a Dios”.         

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